A veces escribo para distraerme, otras veces sólo para concentrarme en escribir. Normalmente me duele empezar y cuando lo consigo no hay como detenerme. En sí soy adicta a escribir. La literatura para mí es un frenesí, sin ella sufro más de lo que sufro por ella. Porque todo lo que realmente amas, duele. Por eso me dueles tú. Porque te amo.

jueves, 23 de agosto de 2012

Por (verdadero) amor al arte.


Normalmente, uno escucha “viaje escolar” y piensa (casi al instante) que va a ser un viaje aburridísimo y qué flojera ir. Ese fue el caso con este viaje, muchos de mis compañeros decidieron quedarse por el simple hecho de no salir de su zona de confort, o yo que sé. Sinceramente, estoy muy satisfecha con haber estado todo un día en mi tierra natal, el Distrito Federal. Primero que nada porque pude apreciar el arte en muchísimos aspectos y segundo porque disfrute de un gran día a lado de algunos de mis compañeros y, por supuesto, mi maestra Karina.

El recorrido empezó en el Colegio de San Idelfonso, donde estaban expuestos los trabajos de Ernesto Neto. Ernesto Neto es un artista brasileño y en su exposición, “La lengua de Ernesto”, juega con la física y las matemáticas creando estructuras de hierro que se mantienen de pie por si solas con ayuda de un balance previamente calculado. Asimismo, utiliza diferentes tipos de texturas y perspectivas en sus obras. Esta exposición fue una de las actividades más recreativas y enriquecedoras que he presenciado y practicado, claro. Entre sus obras se encontraban cuatro que eran recreativas, lo que significa que el espectador dejaba de ser tan sólo eso para convertirse en una parte viviente de la obra. De esta forma él conseguía crear consciencia, desde los cinco sentidos del hombre, de la idea que quería expresar, ya fuera acerca de las clases sociales o el peso que cargamos en nuestra espalda, etc.

En el recorrido también visitamos el Palacio de Bellas Artes. Para mi, en particular, ésta fue una de las visitas más deslumbrantes que he hecho, ya que, después de escuchar la historia del conjunto arquitectónico pude idear una imagen hacia el pasado sobre cómo fue que se creo el edificio. Lo fascinante de todo esto fue cuando entré al Palacio y pude apreciar, físicamente, el contraste de dos épocas sumamente importantes en la arquitectura. Se me hizo sumamente interesante poder vislumbrar que la fachada del Palacio de Bellas Artes representa los detalles sumamente delicados, la extravagancia y el esplendor. Por el contrario, el interior se veía limpio, ordenado, sencillo, sin tantos ornamentos ni adornos en la arquitectura. En realidad, lo que más me intereso de ésta visita fue la arquitectura del Palacio de Bellas Artes. Sí llegue a ver algunas de las exposiciones pero no me parecieron lo más importante.

Durante el día en el DF, conocimos Down Town y todo lo que lo conforma, el hotel, los restaurantes, las tiendas y fue similar a la impresión que tuve con Bellas Artes, ya que la arquitectura de interiores era muy contrastante con la arquitectura del exterior. En la fachada se veía un edificio antiguo, vintage, y por dentro era arquitectura contemporánea, tanto en la decoración como en la estructura. En el MUMEDI, encontré muchas cosas de Diseño Industrial únicas e irrepetibles (todo carísimo, claro) y me pareció un gran lugar para promover tanto proyectos de origen mexicano. Hay tanto talento en nuestro país como para que no siga desarrollándose y el MUMEDI consigue que los jóvenes nos inspiremos en nuestra labor.

El Museo de Memoria y Tolerancia fue de mis favoritos, tanto por la hermosísima arquitectura como en lo que expone. Es un edificio minimalista, con acabados modernos y contemporáneos. El edificio en si es muy estético tanto por fuera, como por dentro y hasta en los mínimos detalles. Sólo presenta exposiciones de interés social que a la vez dan mensajes de una fuerza muy grande. La exposición que nosotros pudimos ver fue acerca de la Segunda Guerra Mundial. Es padrísimo como todo está planeado para hacer sentir a los visitantes. Yo, por ejemplo, empecé a “sufrir” desde el primer minuto que estuve dentro. El diseño de la exposición está increíblemente bien pensada para causar una serie de emociones en los espectadores, ya sea tristeza, enojo, o frustración. Todos salen del Museo de Memoria y Tolerancia teniendo de qué hablar.

En el Museo Metropolitano del Chopo pude ver cosas muy diferentes. Hay artistas que realmente tienen ideas increíbles en la cabeza. A veces hasta me pregunto de dónde sacarán tanto ingenio para crear mundos nuevos y cosas tan maravillosas. Más que nada lo digo por el tipo de obras que me encontré ahí, tanto de mostrar la personalidad de un animal usando cuerpos humanos, como hacer una serie de fotografías acerca de la homosexualidad, o idear un ambiente distinto con cosas simples como la luz y la sombra, etc. Me gustó la historia del cómo éste museo llegó a ser lo que es y me gustó pensar que, aunque los edificios dejen de ser cien por ciento funcionales en un punto de su existencia, puedan recuperarse y renacer, más o menos como un fénix, y crear cosas aún más emocionantes.

Por último, fuimos a la Biblioteca Vasconcelos. Este lugar es como el paraíso para mí, pues reúne mis dos más grandes pasiones, la Arquitectura y la Literatura. Es por eso que lo encuentro doblemente funcional pues puedo ir a esta biblioteca, apreciar la bellísima arquitectura y luego enamorarme de tantos libros. Yo creo que realmente fue el cierre con broche de oro que estuve esperando. Sobrepasó mis expectativas éste edificio tan inmenso y hermoso. Si tuviera la oportunidad de irme, me iría al Distrito Federal sólo por estar cerca de la Biblioteca Vasconcelos. No es exageración, realmente me robó el aliento. 

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