A veces escribo para distraerme, otras veces sólo para concentrarme en escribir. Normalmente me duele empezar y cuando lo consigo no hay como detenerme. En sí soy adicta a escribir. La literatura para mí es un frenesí, sin ella sufro más de lo que sufro por ella. Porque todo lo que realmente amas, duele. Por eso me dueles tú. Porque te amo.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Que por qué escribo?

Hace ya varios meses tuve una actividad de clase donde tenía la tarea de responder a esta pregunta. Recuerdo que en ese entonces no me tomó ni un segundo describir las razones a esta acción. En verdad estaba completamente segura del porque de todo en mi vida y desde aquel día no me había dado el tiempo de re-pensar en esto.

Ahora mismo me lo pregunto y no sé. Pero hay muchas cosas, en diferentes aspectos de mi vida, de las que estoy más dudosa que decidida. Y, ¿por qué escribo? Para mi es casi imposible de responder a esta pregunta. No sé. Es como preguntarme «¿por qué respiro?» Es un mecanismo incontrolable, sólo lo hago. Si quiero sobrevivir lo tengo que hacer, no me queda de otra. Pero, igual que con la respiración, hay veces que quisiera morir e intento dejar de hacerlo.

Inevitable y patético. Al final del día ya ni lo pienso y sólo lo hago. No es algo que yo escogí. No es como pintar de verde porque es vida o de azul porque es adiós. Es simple y es literal. Escribo y eso me llena y me conmueve.

Sin embargo, pienso que, de todo lo que he aprendido de la literatura, lo que más se me ha grabado ha sido el porque no he dejado de escribir. Que quede claro que no tiene nada que ver con el porque lo hago, aunque van de la mano y casi nunca se sueltan. Y si de lazos se trata ese es un porque no dejo de hacerlo. Estoy atada a las letras, a las palabras, a la narrativa. Estoy obsesionada con el suspenso de tres puntos terminando una oración y la pasión de una frase dicha con sinceridad. No puedo dejar de escribir. Me duelen las entrañas y se me cierra el pecho. Si no escribo, no pienso. Es mi motor. Pero, como cada motor, necesito un combustible. Lo sigo buscando. Te sigo esperando...

Y si sigo escribiendo es, solamente, porque busco encontrarte escondido entre los espacios en blanco que dividen cada párrafo de nuestro capítulo de despedida. Sigo escribiendo porque en verdad creo que llegará el día en que me leas y me entiendas y, tal vez así, no te olvides de mi. (En verdad lo creo)

Aunque, la principal razón por la que no he dejado de escribir es porque las letras son lo único que nos queda. Y si perdemos eso lo habremos perdido todo. Sé que te lastimé, pero he buscado las palabras para remendarlo. No sé como, no las he encontrado, por eso no he dejado de escribir.

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