A veces escribo para distraerme, otras veces sólo para concentrarme en escribir. Normalmente me duele empezar y cuando lo consigo no hay como detenerme. En sí soy adicta a escribir. La literatura para mí es un frenesí, sin ella sufro más de lo que sufro por ella. Porque todo lo que realmente amas, duele. Por eso me dueles tú. Porque te amo.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Julio y Alejandra

Voy a hacer una comparación imperdonable pero un tanto cierta, cuando te leí detenidamente por vez primera te imaginé sentado en una banca del cementerio de Montmartre escribiendo y yo a tu lado, escribiendo también. Ambos decíamos “ya quedó”, intercambiando escritos, nos quedábamos en silencio una vez más y nos dedicábamos a leer, entender y releer las letras plasmadas en hojas en blanco intercambiadas. Y algo que yo pensaba en ese momento era lo mismo que pienso ahora el inventarme esta historia, siempre había querido conocer a un escritor tan similar a Cortázar y tan ordinario como yo. Y no te llamo ordinario en forma de ofensa, no. Admiro cada segundo de tu ordinaria vida y admiro cada palabra que escribes y plasmas y dictas y creas en tu imparable remolino de pensamientos. Y, también, te imagino pensando que siempre habías deseado conocer a alguien que escribiera como Pizarnik y fuera tan ordinaria como tú. Y tampoco lo dirías en forma de ofensa, sino con respeto y admiración como el que yo te tengo a ti.

A lo que quiero llegar, supongo, es que nos imagino a ambos, entablando una conversación acerca de la vida, la filosofía y el dolor de amar, o lo que sea, pero hablando. Siendo amigos, conociendo el cementerio de Montmartre (y no es por cursi, sino porque es la novedad en mi vida) y ambos sentados uno frente a otro pensando que tú eres lo más cercano a Cortázar y yo lo más cercano a Pizarnik, pero sin la fama, ordinarios y aún más encariñados con las penas y el dolor.

(Fíjate, es chistoso que nuestros nombres y los suyos empiecen con las mismas letras. Y yo no creo en el destino ni en coincidencias, pero se me hace curioso. Mi consciente escogió dos escritores al azar, mi subconsciente lo analizó todo.)

domingo, 15 de septiembre de 2013

Verso libre

Yo encontré inspiración para escribir.
Creo que va para largo.

¿En qué te inspiras?

En que hace unos muchos meses
leí por primera vez The Bell Jar
y recuerdo, que antes de eso,
leí The Virgin Suicides y Girl, Interrupted.
Y estoy un poco en ese mood emocional,
tristón, sin ganas de vivir.
Lo que La Maga podría llamar
"el mal de Oliveira",
en que todo me duele.
Respirar, sola, en mi cama,
bajo mis sábanas frías, me duele.

Hoy es un día lleno de recuerdos,
más que de vivencias.

Sí que lo es.
Sobretodo cuando pasas una tarde completa
en un café
con una persona que
solías conocer
como a la palma de tu mano.
Sólo para darte cuenta
que ya no sólo dejaste de extrañarlo
sino que crees que estarás mejor lejos de ese ser.

lunes, 29 de julio de 2013

After Dark

11:55pm

1


Eyes mark the shape of the city

Through the eyes of a high-flying night bird, we take in the scene from midair. In our broad sweep, the city looks like a single gigantic creature—or more like a single collective entity created by many intertwining organisms. Countless arteries stretch to the ends of its elusive body, circulating a continuous supply of fresh blood cells, sending out new data and collecting the old, sending out new consumables and collecting the old, sending out new contradictions and collecting the old. To the rhythm of its pulsing, all parts of the body flicker and flare up and squirm. Midnight is approaching, and while the peak of activity has passed, the basal metabolism that maintains life continues undiminished, producing the basso continuo of the city's moan, a monotonous sound that neither rises nor falls but is pregnant with foreboding.

Our line of sight chooses an area of concentrated brightness and, focusing there, silently descends to it—a sea of neon colors. They call this place an “amusement district.” The giant digital screens fastened to the sides of buildings fall silent as midnight approaches, but loudspeakers on storefronts keep pumping out exaggerated hip-hop bass lines. A large game center crammed with young people; wild electronic sounds; a group of college students spilling out from a bar; teenage girls with brilliant bleached hair, healthy legs thrusting out from micromini skirts; dark-suited men racing across diagonal crosswalks for the last trains to the suburbs. Even at this hour, the karaoke club pitchmen keep shouting for customers. A flashy black station wagon drifts down the street as if taking stock of the district through its black-tinted windows. The car looks like a deep-sea creature with specialized skin and organs. Two young policemen patrol the street with tense expressions, but no one seems to notice them. The district plays by its own rules at a time like this. The season is late autumn. No wind is blowing, but the air carries a chill. The date is just about to change.

Haruki Murakami (Excerpt from After Dark)

jueves, 25 de julio de 2013

¿Destino o convicción?

Hay una frase que dice que las personas que realmente quieren estar en nuestras vidas siempre van a encontrar una forma de hacerlo, como para enfatizar el hecho de que las cosas se resolverán al final y que si algo tiene que pasar no importa si te pongas o te quites, va a pasar. Sin embargo, ¿qué tan cierto puede ser esto? Las cosas no llegan de la nada con que nos sentemos a esperar. Este siempre ha sido mi punto de vista ante cualquier situación en la vida. No sé porque, me cuesta creer en el destino. Así que, cuando leí esa frase, no pude pensar una cosa más que yo también soy es persona que realmente quiere estar en la vida de alguien más. 

Es irrelevante que tan cierta es esa frase, lo real acerca de ella es que siempre intentamos quitarnos responsabilidad de pérdidas de terceros, utilizándola como justificación; como si creyendo que si le importamos a alguien tendría que luchar por nosotros para quedarse, nos hiciera menos culpables de nunca habernos comportado de la misma manera. Así, si algo no pasa como queremos, tenemos el pretexto de que es culpa de alguien más. Pero no es así. Tanto la persona que realmente quiere estar en nuestras vidas, como nosotros mismos, somos igualmente responsables de que algo no funcione. ¿Cierto?

Creo que es sumamente importante reflexionar ambas perspectivas de esta frase. No sólo somos los emisores, siempre somos receptores a la vez. Así que, más que aferrarnos a una idea de que alguien debe de luchar por nosotros mismos, hay que saber reconocer que todos somos responsables de unos y otros - sobretodo cuando se trata de mantener una relación sentimental. De nada sirve esperar que alguien llegue si la persona que debería llegar y demostrar su cariño está esperando exactamente lo mismo de nuestra parte. Es por esto que este tipo de frases "motivacionales", o como se les puedan llamar, me molestan demasiado. Porque nos están educando a ser pacifistas, a siempre esperar y nunca actuar, a creer que si las cosas no pasan por algo es por destino y no por nuestra propia culpa.

Está claro que para ganar se necesita competir y preparase para poder conseguir eso que deseas. Nadie gana premios esperando que se los den sin mérito alguno. Entonces, no vamos a lograr que la gente se quede en nuestras vidas sólo por convicción. Todos somos humanos y somos débiles y hay que mantenernos fuertes por nosotros mismos y por quienes nos rodean que, a fin de cuentas, siguen siendo una parte esencial de lo que somos y en lo que nos hemos de convertir.

lunes, 22 de julio de 2013

Transición

22/07/13 16:17 (Hora de verano del Pacífico)

Necesitaba hablar con él, escribirle al menos, pero no sabía ni que decirle, ni por donde empezar. A veces puede llegar a ser tan inhumano. Y yo engo que luchar contra mis ganas de hablarle cada segundo del día porque aún tengo la esperanza de que él aún tenga ganas de hablarme.

Una por una empezaron a salir las palabras, y con ellas las lágrimas también, y me di cuenta, sinceramente, que si para él todo esto no es importante era mejor que ni lo molestara. Aún así decidí escribirle por última vez. No supe ni como decirle como me sentía, pues es una historia muy large. Ni siquiera sabía si debía hablarle de mi vida. Ya me había dicho antes que no era buena compañía y siento que a veces lo presiono demasiadó. Además, el psicólogo cree que la razón por la que estoy tan molesta con él es porque el final de esta situación no resuló ni cerca como yo lo esperaba.

Sí, le hablé de él al psicólogo. Pero le hablo de muchas cosas, no es porque él sea especial. De hecho, de lo que no hablo es de lo que no quiero dejar salir. Y si le hablé de él fue para sacarlo de mi sistema, y que bueno que lo hice, porque me está haciendo mucho daño. Aunque, en realidad, no creo que sea él, ni el mundo que está en mi contra, soy yo misma la que se hace daño con todo esto. Así que le hablé de él porque pensé que me daría razones para volverlo a buscar y decirle que quiero arreglar las cosas entre nosotros.

¿Cómo me sentí con eso? Bueno, como comenté anteriormente, es una larga historia. Y viéndolo desde diferentes perspectivas, me he puesto a analizar - sin ayuda de nadie - nuestra situación y verán, yo jamás le ruego a nadie. Y con él siempre era una constante eso de desaparecer y buscarnos cada cinco minutos (a veces sin encontrarnos nunca). Y presiento que si algo siente de que le haya escrito no debería ser alegría ni aprecio porque aún sigo luchando por nuestra amistad. Las verdaderas amistades no se terminan ni por mil peleas. Él para mi es un verdadero amigo, o al revés, yo soy una verdadera amiga para él.

Sin embargo, es muy cansado, es exhaustivo, estarlo buscando cada dos semanas y que una semana esté bien y sea lo más cercano que he tenido y tres cuatro o cinco días después no sólo odie su vida sino a todos los que intentamos hacerlo sentir bien.

Se lo dije porque pensé que debía saber que por fin logré entender el porque ya no se acerca. Y quería decirle sin rencor que lo dejaba ir.




¿Qué ha pasado después de eso? Todo ha sido una pesadilla.


miércoles, 3 de julio de 2013

Cuídate

Tuve que encerrarme en mi cuarto por un mes. Durante treinta días las paredes color beige de mi recámara fueron testigos de cada lágrima que derrame en esta ausencia. Tuve que volver a analizar todas y cada una de mis prioridades, tomando en cuenta que ahora la gente que me rodea cree que no estoy mentalmente estable como para ser de alguna manera una persona independiente. Son pocas las veces en las que me dedico a recordar el pasado. Me pidieron que ya nunca hablara de él, que lo dejara ir, así que eso hice - o intenté hacerlo.

Es sólo que me cuesta un trabajo infinito no recordar la última declaración sincera que alguien me escribió (no mencionaré su nombre y como no lo quiero delatar tampoco escribiré tal cual las palabras que yo leí), "entiendo que te quieras alejar (o algo así) hace mucho tiempo que ni yo me siento cómodo conmigo mismo (o algo así)..." Así que lo hice. Porque sabía que inconscientemente él me estaba rogando que lo hiciera. Y esta vez no es temporal como las otras cincuenta veces en que me dije a mi misma que era hora de dejar atrás el pasado. Esta vez cerré una puerta y ya no es que no quiera volverla a abrir, sí quiero pero estoy aterrada. El miedo no me deja ni siquiera mover un solo dedo. Estoy aterrada.



Hoy me tomé dos tazas de café y seis pastillas. He ganado peso, mi cabello luce maltratado, tengo ojeras, mi nariz sigue rota y no he podido dormir en más de tres días. Extraño sentir el tibio roce de una mano entre mis dedos y un par de labios en mi oreja. Extraño cantar y bailar bajo la lluvia. Extraño la luna y el sol. Extraño los shots de tequila en reuniones con amigos. Extraño a esos amigos. Extraño convivir. No he fumado en treinta días y creo que es parte de mi ausencia y mi ansiedad. (¿Qué me hiciste?)

Resumiendo, no estoy bien. No estoy bien conmigo, por eso lo busque, por eso se lo dije, para que intentara ayudarme y ahora ya no me tengo a mi, ni lo tengo a él. Ahora estoy tirada en el piso bañada en sagre, esperando que regrese. No creo en Dios pero seguiré rezando porque él vuelva. Seguiré rezando. Y rezando. Y rezando hasta el último latido.

Seguiré rezando por que abra los ojos una última vez y me vea a su lado intentando detener la hemorragia en su brazo izquierdo. (¿Por qué lo hiciste?)

Habíamos quedado que iba a estar a mi lado en Paris. Habíamos prometido que iba a ser yo quien se quitara la vida en diez años. No él y mucho menos no ahora. No lo comprendo. No puedo creer que esté muerto. (No te mueras. Dime porqué lo hiciste.)



Intentas tomar mi mano, me miras a los ojos y me dices en un suspiro "no lo sé". Un segundo después abro los ojos. Estás a mi lado pero ahora estás más lejos que nunca.

sábado, 25 de mayo de 2013

En proceso...

Sigo escribiendo. Tengo mil cosas en mente.
Y mientras más pienso más quiero escribir.
Pero no tengo tanto tiempo y siento que eso me sofoca.
Tener tantas cosas que expresar y no poder
tomar el papel y el lápiz por un día entero
sin interrupciones.


Me he sentido de la misma forma este último mes.
Me refiero a abril y mayo como un mes.
Como desde el 19 a hoy.
He estado con el mismo sentimiento.

Como cuando estás en el fondo de una alberca
no tan honda
y ves los rayos del sol reflejados en el agua
y no quieres salir porque la vista desde ahíes maravillosa
pero sabes que tarde o temprano
tendrás que subir a la superficie a respirar aire fresco
aunque la vista no sea tan hermosa
si lo ves desde una perspectiva desde la cual es "real".

Siento que ahorita estoy en esa etapa
entre salir a respirar o quedarme aquí sentada
apreciando mi vida desde donde quiero
aunque no se vea tan claramente,
sólo porque disfruto de la imagen.
Y tarde o temprano
tendré que adentrarme a la incertidumbre
de lo que es completamente cierto.
No un reflejo.
Y no sé si estoy lista para afrontar la realidad
porque no sé si va a ser igual de "bella"
que lo que me imagino aquí en el fondo del agua.

Lo bello de esto es la incertidumbre, de hecho.
No saber que pasa es mejor a que no pase nada.
Creo que he estado mucho tiempo intentando alejar un sentimiento.
Y ahora que lo acepto tal y como es
sólo me queda una cosa que hacer,
ya sea ir a conseguir lo que quiero
o alejarme por completo.
Y por ahora no me decido,
por eso estoy aquí observando.
Puede ser muy fuerte la impresión si de un momento a otro
hago un movimiento en falso.
Es lo que siento ahora.
Es la primera vez que prefiero no saber nada.

¿Seguiré abrazando la incertidumbre por ahora, entonces?

No sé. Eso es mejor que no abrazar nada.
Además se siente bien tener algo a que esperanzarse.
Como si nada más eso me estuviera ayudando a respirar bajo el agua.
Creo que soltarla significaría tener que regresar a la superficie
y creo que aún puedo quedarme un rato más aquí...
sin morir ahogada.

viernes, 17 de mayo de 2013

17.05.2013


Cuantas cosas han cambiado en un sólo año. Miro atrás y veo aquellos días de tristeza donde todos llorábamos con #soundtrackdefindeprepa. Sabíamos que el final de la prepa iba a traer consigo muchas cosas nuevas, sin embargo, yo jamás pensé que sería como volver a empezar. Comparo mi vida ahora con la vida que tenía en mayo del 2012 y no me cae el veinte aún de que nada es lo mismo. Hace un año éramos más inocentes, por así decirlo, al menos yo aún no perdía la emoción, todavía me conmovía por muchas cosas. Ha de ser porque los amigos que juraron estar ya se fueron, o tal vez crecí y me amargué. Seguramente son las dos cosas.

Me atrevo a pensar en aquel día de mi primer beso con mi mejor amigo, claro hace un año porque hoy ya ni nos volteamos a ver. Esa noche juramos que nada cambiaría. (Ja ja, como se ríe la vida de nosotros y en nuestra propia cara.) Y sigo sin creer que ya pasó un año, tal vez días menos, que más da, de aquella noche. Algo siempre me dijo que el que no arriesga lo arriesga todo. (Me arriesgué e igual me quedé sin nada.)

Pensando en el pasado me cuestiono que será de mi en otro año. ¿Acaso todo será diferente a como es ahora? Y si pienso detenidamente en toda mi vida me doy cuenta que no soy la misma que fui hace cinco años y mucho menos hace diez. He estado cambiando constantemente, como si hubiera sido miles de personas al mismo tiempo y ni una de esas es la que soy ahora. Es curioso pensar en nosotros mismos como en esencias. En esencia sigo siendo la misma de siempre. Sólo que algo nunca dejará de cambiar en mi. Me hubiera gustado que te quedaras a mi lado para vivir esos cambios conmigo.

martes, 30 de abril de 2013

Ciclos

Lamentablemente nunca nadie ama como se debería amar. Se ama en cachitos y a ratos. A veces con alegría, otras veces porque duele no hacerlo. El amor en sí, es una farsa. Decides alejarte y automáticamente, alguien más en un mundo paralelo escoge por ti que debes estar cerca de quien más odias. Que porque lo amas y no lo puedes tener, por eso lo odias. Es irrelevante pensar en razones. Nada tiene sentido. Si decidieras acercarte sería porque tú quieres, no porque yo te lo pedí y ahora, si decidí alejarme fue porque tú quisiste, no porque yo lo necesitara.

Se supone que si una persona te quiere cerca debería buscarte. Tal vez no es así. Tal vez se alejan porque es sumamente triste tenerte a tres pasos y no poderte reconocer tras la máscara de lo que finges ser ahora. No sé, tal vez sea sólo dramatismo. Es cansado fingir por meses que todo está bien y cuando decides que ya fue suficiente de esconder las cosas sorprendas a los demás como si nada de lo que dijeras fuera real. Como si no tuvieras fundamentos. Quizás no se necesitan fundamentos para decir he decidido que te quiero fuera de mi vida. Quizás lo mejor es sólo tomar la decisión. Sonará egoísta pero ya no me importa si por alejarme lastime a terceros porque no me alejo sólo por capricho. Quiero ser feliz y no estás aportando nada a mi vida.

Ya lo había mencionado antes y si hace mucho que no publico es porque no tenía nada que decir. He aquí algo, a quien le quede el saco. Podría terminar abandonando a toda la gente que alguna vez creyo que me tendrían segura. Ese es el problema hasta con quien sí está cien por ciento presente. Un día estás y al otro ya no sabes qué camino tomar que prefieres mejor no hacer nada. Bueno, tomé un camino distinto al tuyo. Bien por mi y ojalá, quieras o no, lo comprendas.

Tal vez ahora sí sea el adiós definitivo. Yo creo que dijiste adiós cuando dejaste de ser quien eras y te convertiste en quien juraste que nunca ibas a ser.

Fue sólo un impulso. No lo volveré a hacer. 

jueves, 28 de febrero de 2013

Sueños lúcidos

El problema con el pasado es, más bien, cuando una noche, de repente, a tu subconsciente se le ocurre mostrarte imágenes ficticias de lo que una vez viviste años atrás. Como si volvieras a nacer pero tu vida, en vez de ser la que tienes en ese momento real, sea una diferente edición de la misma historia. Es por eso que a la mañana siguiente despiertas con la ilusión de que algo diferente pasará porque tienes esa idea muy en el fondo de tu mente. Y sí, es verdad que una parte de ti ya sabe que no es verdadero, pero la otra, que es donde reside toda pizca de inocencia, aún cree que, si lo deseas con muchas ganas, deje de ser una fantasía. Y estos sueños no suelen ser del tipo «imposible». Hay veces, siempre son mayoría, que los mejores sueños no son cuando estás volando o cosas de ese estilo súper heroico, sino imágenes más tangibles. Tal vez esa sea la principal razón del porque duele despertar por la mañana, ya que es la idea de que algo que no creías necesitar y al final resulta que sí, se convierte una obsesión por un sueño - como una súplica por volver el tiempo atrás y poder tomar entre tus manos la cara de esa persona que jamás debiste dejar ir.

Seguramente es verdad lo que dicen los que saben, que en diez años vas a estar más arrepentido de las cosas que no hiciste que de las cosas que no debiste hacer. O algo así. El punto es que no han pasado ni doce meses y yo ya ruego por tener otra oportunidad de mirarlo a los ojos y suspirar su aroma, como en aquel sueño del que estaba hablando.

Junio 24, 2012

martes, 19 de febrero de 2013

Perdón

Estoy enamorada del contorno de tus labios.
Estoy enamorada de la raíz de tu pelo.
Estoy enamorada del lunar en tu cuello.
Estoy enamorada de ti.

Estoy enamorada del brillo en tu mirada.
Estoy enamorada de tu rostro en el reflejo del agua.
Estoy enamorada de tu oreja derecha.
Tan enamorada de ti.

Estoy enamorada de mis sueños contigo.
Estoy enamorada aunque no seas mío.
Estoy llorando por ti.

Estoy enamorada sin tenerte a mi lado.
Estoy enamorada, a kilómetros, de tu aroma.
Me estoy muriendo de amor... sin ti.

domingo, 27 de enero de 2013

Corazo(nada)

«Estoy sola y está oscuro. Venía caminando por esta calle y llegué a este lugar. Me dijeron que tú trabajabas aquí. Quiero sentarme, por favor.»
Tomó asiento sin hesitar y volvió a perderse en pensamientos. Sus ojos brillaban y luchaban por no volver a derramar una lágrima. El joven que la acompañaba en la mesa la veía con angustia. Sin saber qué contestar le tomó la mano y le preguntó «qué te pasa».

«Yo tenía un gran futuro en la literatura. ¿Lo sabes? Ya tenía editorial, ya querían publicarme. Vamos, tenía una gran historia, las palabras venían solas. Hasta tenía el nombre de mi libro. Lo tenía todo y lo perdí. Ya no tengo nada.» Suspiró. «Nada.»
Las luces del restaurante se apagaron unos segundos y después alumbraron la habitación otra vez. Andrea lloraba mientras Jorge le acariciaba la mejilla. Le dijo de golpe y casi sin respirar que era imposible que lo perdiera todo si aún lo tenía a él. Se llevaban diez años pero parecían unos niños enamorados el uno del otro. Andrea no dijo nada, sólo lo miró.

Después de un minuto de silencio, ella dijo, con un hilo de voz casi imperceptible, «mi mejor amigo se mató.» Se echó a llorar desconsoladamente y, mientras gritaba, Jorge se arrancaba del pecho una cruz dorada. Al verla en el piso, brillando, se levantó de la mesa, tomó a Ale del brazo y la acercó a su pecho. Ella ya no permanecía fuerte, había perdido la fachada de muchacha seria. Gritaba y lloraba y maldecía a todo el mundo. Se creía culpable.

«Yo lo empujé a eso. Lo dejé sólo cuando más me necesitaba. Me llamó, Jorge. Me llamó y no contesté por mi maldito orgullo. Tenía sólo veinte años y toda una vida por delante. Pero fui una egoísta y no contesté la maldita llamada. Se quitó la vida y no hice nada para evitarlo. Y no me digas que no soy culpable de todo porque yo sé que lo soy. Si no hubiera estado contigo...»

Nunca terminó de decir esa última frase. Antes de acabar guardó silencio. Jorge la soltó y ella lo observó atónita. Era demasiado tarde para cambiar la historia. Andrea y Jorge estaban solos en una habitación vacía. Alumbrada sólo por las velas que amenazaban con apagarse con el aire. Le pidió tranquilamente que se fuera. Andrea siguió su camino sin mirar atrás. Estaba perdida.

Fue muy extraño que perdió a dos personas en una misma noche. Y esa misma noche, sin saber donde estaba, se reencontró con la mujer que se había extraviado por darle todo a alguien más. Sí, estaba sola, pero se sentía libre.

Despertó por la mañana sudando frío. Todo el cuerpo le temblaba y le dolía la cabeza de tanto llorar. Dirigió la mirada hacia la luz de la ventana y vio una silueta de espaldas a ella. «No dormí ni un segundo, Andrea. Te la pasaste toda la noche llorando. Te intenté despertar y no podía. ¿Qué soñaste?» No era la voz de Jorge sino la de Damián. «No sé.» Contestó. «Creo que aún estoy dormida».

jueves, 10 de enero de 2013

El mar.

Detrás de las olas se esconden múltiples recuerdos. Una de ellas grita tu nombre mientras la luna me recuerda el brillo de tus ojos y las lágrimas que caían al bostezar. Estábamos cansados y despiadados. Así que decidimos descansar. Me rozaste el brazo con tu muñeca. Gentilmente y rogando que yo no notara tu tacto. Imposible no sentir algo tan relevante. Millones de escalofríos bajo esa cortina de piel que envuelve cada parte de la anatomía de tu cuerpo. Creo que ya no podré vivir sin ti. Me he vuelto acreedora de tus palabras. Por favor, no te vayas. Por favor, quédate. Te ruego mientras duermes como sí pudieras leerme el pensamiento. Tal vez nunca debí decirte adiós. Tal vez jamás debiste irte sin al menos pedirme que me quedara una última vez.

En fin, la luna está ahí y me pide que te busque. ¿Y si te encuentro? En ese caso serás mío y seré tuya. Acostada en la arena decido emprender la búsqueda. Me levanté y vi al fondo del horizonte una isla desierta. Estaba amaneciendo de aquel lado. Aquí aún estaba oscuro y casi no podía ver ni en donde estaba recargada. Tomé un puñado de arena, descifre la orientación del viento y zarpé el barco hacia aquella dirección. Hacia la tierra prometida.

Ni los vientos más fuertes me detuvieron. Navegué por meses enteros sólo para encontrarte. Pensando que al verte frente a mi olvidaría todo el dolor que sentí al despertar y no encontrarte.



La noche en que arribé te busqué en toda la isla sin descansar ni para comer ni para dormir. Estuve a punto de desmayarme de la ansiedad. Casi me torturo por haber perdido el tiempo. Y, cuando me di por vencida, te encontré. Sentado del otro lado del barco. Siempre acompañándome y nunca te vi. No me di cuenta que eras el timón. Nunca noté que tú me estabas guiando.