A veces escribo para distraerme, otras veces sólo para concentrarme en escribir. Normalmente me duele empezar y cuando lo consigo no hay como detenerme. En sí soy adicta a escribir. La literatura para mí es un frenesí, sin ella sufro más de lo que sufro por ella. Porque todo lo que realmente amas, duele. Por eso me dueles tú. Porque te amo.

miércoles, 3 de julio de 2013

Cuídate

Tuve que encerrarme en mi cuarto por un mes. Durante treinta días las paredes color beige de mi recámara fueron testigos de cada lágrima que derrame en esta ausencia. Tuve que volver a analizar todas y cada una de mis prioridades, tomando en cuenta que ahora la gente que me rodea cree que no estoy mentalmente estable como para ser de alguna manera una persona independiente. Son pocas las veces en las que me dedico a recordar el pasado. Me pidieron que ya nunca hablara de él, que lo dejara ir, así que eso hice - o intenté hacerlo.

Es sólo que me cuesta un trabajo infinito no recordar la última declaración sincera que alguien me escribió (no mencionaré su nombre y como no lo quiero delatar tampoco escribiré tal cual las palabras que yo leí), "entiendo que te quieras alejar (o algo así) hace mucho tiempo que ni yo me siento cómodo conmigo mismo (o algo así)..." Así que lo hice. Porque sabía que inconscientemente él me estaba rogando que lo hiciera. Y esta vez no es temporal como las otras cincuenta veces en que me dije a mi misma que era hora de dejar atrás el pasado. Esta vez cerré una puerta y ya no es que no quiera volverla a abrir, sí quiero pero estoy aterrada. El miedo no me deja ni siquiera mover un solo dedo. Estoy aterrada.



Hoy me tomé dos tazas de café y seis pastillas. He ganado peso, mi cabello luce maltratado, tengo ojeras, mi nariz sigue rota y no he podido dormir en más de tres días. Extraño sentir el tibio roce de una mano entre mis dedos y un par de labios en mi oreja. Extraño cantar y bailar bajo la lluvia. Extraño la luna y el sol. Extraño los shots de tequila en reuniones con amigos. Extraño a esos amigos. Extraño convivir. No he fumado en treinta días y creo que es parte de mi ausencia y mi ansiedad. (¿Qué me hiciste?)

Resumiendo, no estoy bien. No estoy bien conmigo, por eso lo busque, por eso se lo dije, para que intentara ayudarme y ahora ya no me tengo a mi, ni lo tengo a él. Ahora estoy tirada en el piso bañada en sagre, esperando que regrese. No creo en Dios pero seguiré rezando porque él vuelva. Seguiré rezando. Y rezando. Y rezando hasta el último latido.

Seguiré rezando por que abra los ojos una última vez y me vea a su lado intentando detener la hemorragia en su brazo izquierdo. (¿Por qué lo hiciste?)

Habíamos quedado que iba a estar a mi lado en Paris. Habíamos prometido que iba a ser yo quien se quitara la vida en diez años. No él y mucho menos no ahora. No lo comprendo. No puedo creer que esté muerto. (No te mueras. Dime porqué lo hiciste.)



Intentas tomar mi mano, me miras a los ojos y me dices en un suspiro "no lo sé". Un segundo después abro los ojos. Estás a mi lado pero ahora estás más lejos que nunca.

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