A veces escribo para distraerme, otras veces sólo para concentrarme en escribir. Normalmente me duele empezar y cuando lo consigo no hay como detenerme. En sí soy adicta a escribir. La literatura para mí es un frenesí, sin ella sufro más de lo que sufro por ella. Porque todo lo que realmente amas, duele. Por eso me dueles tú. Porque te amo.

lunes, 22 de julio de 2013

Transición

22/07/13 16:17 (Hora de verano del Pacífico)

Necesitaba hablar con él, escribirle al menos, pero no sabía ni que decirle, ni por donde empezar. A veces puede llegar a ser tan inhumano. Y yo engo que luchar contra mis ganas de hablarle cada segundo del día porque aún tengo la esperanza de que él aún tenga ganas de hablarme.

Una por una empezaron a salir las palabras, y con ellas las lágrimas también, y me di cuenta, sinceramente, que si para él todo esto no es importante era mejor que ni lo molestara. Aún así decidí escribirle por última vez. No supe ni como decirle como me sentía, pues es una historia muy large. Ni siquiera sabía si debía hablarle de mi vida. Ya me había dicho antes que no era buena compañía y siento que a veces lo presiono demasiadó. Además, el psicólogo cree que la razón por la que estoy tan molesta con él es porque el final de esta situación no resuló ni cerca como yo lo esperaba.

Sí, le hablé de él al psicólogo. Pero le hablo de muchas cosas, no es porque él sea especial. De hecho, de lo que no hablo es de lo que no quiero dejar salir. Y si le hablé de él fue para sacarlo de mi sistema, y que bueno que lo hice, porque me está haciendo mucho daño. Aunque, en realidad, no creo que sea él, ni el mundo que está en mi contra, soy yo misma la que se hace daño con todo esto. Así que le hablé de él porque pensé que me daría razones para volverlo a buscar y decirle que quiero arreglar las cosas entre nosotros.

¿Cómo me sentí con eso? Bueno, como comenté anteriormente, es una larga historia. Y viéndolo desde diferentes perspectivas, me he puesto a analizar - sin ayuda de nadie - nuestra situación y verán, yo jamás le ruego a nadie. Y con él siempre era una constante eso de desaparecer y buscarnos cada cinco minutos (a veces sin encontrarnos nunca). Y presiento que si algo siente de que le haya escrito no debería ser alegría ni aprecio porque aún sigo luchando por nuestra amistad. Las verdaderas amistades no se terminan ni por mil peleas. Él para mi es un verdadero amigo, o al revés, yo soy una verdadera amiga para él.

Sin embargo, es muy cansado, es exhaustivo, estarlo buscando cada dos semanas y que una semana esté bien y sea lo más cercano que he tenido y tres cuatro o cinco días después no sólo odie su vida sino a todos los que intentamos hacerlo sentir bien.

Se lo dije porque pensé que debía saber que por fin logré entender el porque ya no se acerca. Y quería decirle sin rencor que lo dejaba ir.




¿Qué ha pasado después de eso? Todo ha sido una pesadilla.


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